17 de Septiembre – Henry J. White – 3.5.06

Pasan los años, meses, días
veo pasar lentamente una vida.
Mi vida, que hace mucho no existía.

Fue hace mucho tiempo,
ciento noventa y seis te quieros,
cuando de mi oscuridad aquella vida resurgió.

Aquello que en mi creí perdido,
aquella confianza, aquella esperanza,
esa deseosa fe y ese olvidado amor,
que un día en mi vida se marcho, se olvidó.

Fue esta y no otra mujer,
fue ella quien a mi me devolvió,
aquella joya que yo mas añoraba,
y decidí abandonarla.

Aquello que tanto renuncie, y rechace,
día a día, mes a mes.
Aquello que me hizo romperme, y deshacerme
en un mar salado, y en el tenebroso mundo
de desesperación y dolor.

Fue aquello que convirtió al hombre en monstruo,
y que me hizo resignarme a odiar el amor.

Que grandioso fue aquel día que la conocí,
aquel día que por fin me decidí,
a luchar por una vez en mi vida,
por lo que jamas renunciar debí.

Aquel diecisiete de septiembre,
en que sus labios se adelantaron
para ceñirse junto a mi,
declarar aquel amor incondicional,
que jamas yo pude recibir.

No tarde en hacerme valer,
y regrese a aquel ser, que un día fui,
su mano pedí pronto,
tras por fin descubrir aquel mundo interior,
que había olvidado entre lamentos,
que había desechado entre sufrimientos.

Aquella mujer, rebelde, orgullosa y preciosa
me había enamorado con sútiles palabras,
caricias y besos en el interior de mi corazón.

Natalia es la mujer de mi vida,
la única por la que jamas he luchado tanto
como cada día demuestro,
con besos, caricias y te quieros.

Aun tras mis errores que en el pasado cometí,
me hacen sentir su vida mas afianzada a mi,
y hacerme valer en un mundo, donde el amor,
aquel amor del romanticismo ha sido olvidado
por la sociedad, que ya no cree ni espera
retomar la fe y esperanza de ese amor
de su vida pasada.


Para Natalia P.M.


Corregida: 5 de Enero del 2017
Texto: #121
Poesía: #69

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